Cuenta la tradición que las aguas que brotan de la Fuente de Tamarahoya son medicinales y ayudan a curar ciertas dolencias, como problemas gástricos o las vesículas que suelen producirse en la boca del bebé, también conocidas como sapos, como destaca un profundo conocedor del patrimonio cultural y etnográfico de El Paso, Carlos Cecilio Rodríguez. Ahora, el Gobierno municipal ha querido conocer con certeza las propiedades que tienen unas aguas, que han tenido gran trascendencia en la historia de El Paso y en su pasado aborigen.

Carlos Cecilio está colaborando con el Ayuntamiento en recuperar el entorno de esta fuente, que se encuentra en la cara sureste del Bejenado, que forma parte de una iniciativa más general, que trata de incentivar el turismo de naturaleza a través de los numerosos senderos y el abundante patrimonio etnográfico que trufa el municipio pasense.

Sobre la Fuente de Tamarahoya, donde todavía acuden muchas personas a llevarse su agua, destaca que ha sufrido varios derrumbes, que han ido ocultando el manantial. El último de ellos se produjo con la tormenta Delta, en 2005. Con anterioridad, a principios de la década de los setenta del siglo pasado, hubo otro derrumbe, que cree que pudo deberse a los temblores que precedieron a la erupción del Teneguía (1971), pero es un dato que no tiene contrastado con certeza. Y un tercero que tiene constancia es de finales de los cuarenta.

Barajan la posibilidad de hacer una pequeña intervención que permita recuperar el estado inicial en que se encontraba la fuente. Carlos Cecilio deja claro que se trataría de un trabajo que sencillamente “recuperaría la fuente, no cambiaría nada”, porque los desprendimientos la han ido entullando.

Esto ha provocado que en un año de extrema sequía como el que hemos pasado no haya habido prácticamente agua en la Fuente de Tamarahoya, mientras que el investigador pasense tiene constancia de que en 1949, “cuando se produjo la gran seca”, sí daba agua.
Carlos Cecilio destaca que este punto de la geografía de El Paso ha tenido una gran trascendencia en el pasado aborigen. De hecho allí se encuentra la mayor estación de grabados que existe en la isla de La Palma.

La estación de grabados de Tamarahoya. | JORGE PAIS
Este aspecto lo corrobora el arqueólogo y jefe de Patrimonio del Cabildo, Jorge Pais, quien destaca la presencia en el lomo de Tamarahoya de 120 paneles de grabados rupestres, de distintos motivos (espirales, círculos, meandriformes). “Es la estación más gran con diferencia que tenemos en la isla de La Palma”, reiteró. Además, a unos 300 metros se encuentra la estación del Lomo Gordo.

Tanto Cecilio como Pais coinciden en señalar que la existencia de los grabados se debe a la presencia de la fuente, que “era la más importante de El Paso”. “Era un lugar de valor mágico – religioso, relacionado con ritos propiciatorios de lluvia, fertilidad, además desde allí la vista domina todo el Valle”.

Pais destaca que era una zona de pastos “fabulosa”. De hecho, tiene constancia de testimonios de pastores que en la década de los 40 o 50 podían mantener más de 2.000 cabras. Los aborígenes tenían también asentamientos en ese entorno. “Para la economía que ellos tenían, vivir en ese entorno era lo más parecido al paraíso, porque los pastos y el agua los tenían casi sin moverse”, concluye Pais.

Sendero Barriales


Sendero circular desde el Centro de Visitantes del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, pasando por la zona conocida como Las Cuevas, Pino de la Virgen y regreso al Centro de Visitantes


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