El lápiz de carpintero no es una novela más ambientada en la posguerra española aunque sea una historia que efectivamente retrotraiga a ese periodo. Es una trama que parece lineal pero que juega con el tiempo ─presente, pasado, retorno a la actualidad, vuelta atrás y así hasta el desenlace─, que permite conocer aspectos de las vidas de quienes coincidieron en la cárcel de Santiago o en el sanatorio de Valencia en boca del antagonista, Herbal.
Manuel Rivas recurre al flashback ─con un lápiz de carpintero─ para que aquel narre los hechos en forma de monólogo a penas interrumpido por su interlocutora, María da Visitação.
Un texto escrito con una prosa cuidada, casi poética que rebosa de figuras literarias y donde encontramos localismos y algunos versos que apelan a la competencia literaria del “potencial lector”.
El tono dramático se quiebra con unos diálogos que cargados de ironía ─sirva como ejemplo la conversación que mantienen Casal y Da Barca en torno al origen de las especies─ le dan singularidad a la obra y hacen posible que el lector adolescente haga frente a un argumento que “sin recomendación” podría resultarle arduo.

EL LÁPIZ DEL CARPINTERO