El secuestro de la bibliotecaria es un texto muy largo para considerarlo “cuento literario” y demasiado breve para etiquetarlo como “novela corta”. Aun así, presenta elementos de ambas formas que le confieren singularidad a la narración.

La trama es atractiva desde el principio, intrigante en transcurso de la historia porque se enriquece con subtramas ─fortuitas, funcionales o heroicas─ y resuelta de manera tan ingeniosa que con toda seguridad no dejará indiferente al “potencial lector”.
Estructurada en cinco capítulos, con una línea temporal simple, un espacio conocido pero no identificable, un tomo “semi” dramático aunque cargado de humor e ironía y un narrador omnisciente, la autora ha presentado una historia que podría ser trágica pero se torna divertida y donde los libros y la lectura son una constante que mejora la vida de sus personajes.

Apenas descritos ─más que por simples adjetivos─ los personajes son perfectamente reconocibles y a ello contribuyen las ilustraciones que con trazo ágil y desenfrenado enriquecen el texto. Como ejemplo baste observar la expresividad en las facciones o el esbozo de los escenarios.
Lo expuesto permite concluir que el título es apropiado para lectores en marcha, iniciados en textos un poco más extensos y cuyo bagaje lector les permite identificar algunos elementos intertextuales sabiamente utilizados por la autora. Además, el vocabulario es apropiado, la estructura bien diferenciada ─planteamiento, nudo y desenlace─ y cohesionada, el tono ingenioso y la voz un pelín satírica para que no decaiga el interés de quienes presuponen un desenlace feliz pero no imaginan el giro que tomarán los acontecimientos.

Respecto a los paratextos, amplían los conocimientos del “potencial lector” y complementan su lectura pero es que además, le aproximan a la escritora y al ilustrador ─a través de unas pequeñas referencias biográficas─ y a posibles lecturas de la misma colección.

EL SECUESTRO DE LA BIBLIOTECARIA